top of page

El fantasma del Día Cero acecha a Irán: Teherán sin agua

  • Foto del escritor: Alberto Aguirre de Cárcer
    Alberto Aguirre de Cárcer
  • 1 ene
  • 3 Min. de lectura

El calentamiento global, el crecimiento de la población y la deficiente gestión hídrica ponen a la capital persa al borde del precipicio


Persona curiosa
Imagen generada por IA.

Alberto Aguirre de Cárcer

La grave depreciación del rial y la galopante inflación fueron el detonante directo de las masivas protestas desatadas desde diciembre en las calles de Irán contra el régimen de Alí Jamenei, políticamente muy debilitado por el ataque aéreo israelí del pasado mes de junio, la operación estadounidense 'Martillo de Medianoche' acometida una semana después contra instalaciones nucleares y los efectos acumulativos de las sanciones internacionales que cerraron el acceso a los mercados internacionales.


La última ola de protestas contra la teocracia iraní está siendo reprimida con más dureza si cabe que las de 2019 y 2022, que estallaron por la subida del precio de la gasolina y la persecución a los mujeres que se rebelaron contra el uso obligatorio del hijab. En todas estas oleadas de movilizaciones contra la autocracia del líder supremo Jamenei existe un sustrato común: la indignación por la mala gestión económica, la falta de libertades políticas y la corrupción sistémica.


En esta última revuelta, liderada por los comerciantes, a los que sumaron los estudiantes iraníes, ha tenido también una incidencia especial el malestar ciudadano por la grave situación en el abastecimiento de agua a Teherán. En noviembre, el presidente iraní Mazoud Pezeshkian alertó de la posible necesidad de evacuar la ciudad si no comenzaba a llover, después de seis años de acusada sequía, llegando a proponer que la capital del país se trasladará a la costa del Golfo de Omán.


Teherán vivió en 2025 el otoño más seco de los últimos cincuenta años. Los embalses que abastecen a una ciudad que ha multiplicado por diez su población en menos de cien años se encontraban por debajo del 10% de su capacidad. El descenso de las precipitaciones de lluvias llegó a ser brutal: un 90% por debajo de la media histórica registrada. La alarmante escasez hídrica obligó a drásticos cortes para reducir el consumo de agua entre llamamientos a la población para restringir al máximo incluso el lavado de la ropa. Por fortuna, la lluvia finalmente apareció y la advertencia de Pezeshkian no llegó a consumarse.


Teherán estuvo muy cerca de lo que se conoce como el Día Cero, una situación extrema en la que las autoridades se ven obligadas a cortar el suministro y cerrar los grifos de los hogares, limitando el abastecimiento a una distribución controlada en determinados puntos. Esa situación extrema se produjo en Ciudad del Cabo (Suráfrica) en 2017. Desde entonces, el fantasma de un Día Cero ha reaparecido en varias ciudades de un mundo sometido a un acelerado calentamiento global.


Este es el caso de Teherán y otras ciudades de Irán. Gran parte del país se calentando al doble de velocidad que la media del planeta. Está sucediendo en otros puntos de Oriente Medio y el norte de África. La gran meseta iraní está viendo alterado su régimen de precipitaciones, con inviernos cada vez más secos y cortos. La cubierta de nieve de las montañas de Alborz y Zagros cada vez es más fina, lo que reduce el aporte de agua a los ríos y los acuíferos. La sequedad del terreno llega a tal punto que cuando llueve, a veces torrencialmente, el agua no empapa y filtra en el endurecido suelo.


En un artículo sobre esta crisis, el historiador Peter Frankopan, de la Universidad de Oxford, subraya que, además de las secuelas del cambio climático, Irán está sufriendo las consecuencias de una mala gestión hidrológica, caracterizada por su falta de inversión y la proliferación de cientos de miles de pozos para su uso en la industria y, sobre todo, la agricultura. La compañía estatal que gestiona los recursos hídricos estima en 250 pozos los que son sellados por sus técnicos cada semana. Otro causa de fondo es el crecimiento poblacional de Teherán, que pasó de tener 700.000 habitantes en 1940 a los diez millones actuales.


Peter Frankopan recuerda que las "ciudades han ido y venido a lo largo de la historia, Muchos de los mejores centros urbanos del pasado (Lagash y Uruk en Mesopotamia, Angkor en Camboya o Tikal en Guatemala) desaparecieron por fallos en la gestión del agua. Teherán y otras ciudades modernas deben hacer algo radical según los estándares políticos contemporáneos: aceptar que vivir dentro de los límites ecológicos no es opcional. Eso significa establecer límites rígidos en la expansión urbana y alinear la población y el consumo con los recursos disponibles".


Los responsables del Proyecto Borgen, una organización sin ánimo de lucro dedicada a la lucha contra la pobreza, señalan que sin un cambio drástico en las políticas hídricas gubernamentales, alrededor de 56 millones de personas, el 70 por ciento de la población iraní, podrían tener que huir a países más desarrollados en los próximos veinte a treinta años.

Comentarios


bottom of page