Pepe Carreres, que estás en los cielos
- Alberto Aguirre de Cárcer

- 1 ene 2026
- 2 Min. de lectura
Cualquier meta es posible con periodistas solventes que irradian liderazgo y se ganan el respeto de sus compañeros por la calidad de su trabajo y su bonhomía personal

Alberto Aguirre de Cárcer
“Otro gran periódico. Enhorabuena a todos. Un abrazo” (11/3/2021)… “Magnífico el periódico de hoy. Enhorabuena a todos” (6/3/2023)… Los mensajes que cada cierto tiempo recibía de Pepe Carreres no solo mostraban una desbordante generosidad y un cálido afecto personal que era mutuo. También una profunda convicción, que comparto plenamente, de que la exitosa elaboración de un diario es producto de la tarea colectiva de la Redacción. Ahora bien, para que todo quede plasmado con brillantez y poder aspirar a la excelencia informativa hacen falta personas de la talla personal y profesional que exhibió Carreres a lo largo de toda su trayectoria, desde sus inicios hasta que desempeñó la subdirección de LA VERDAD. Cualquier meta es posible con periodistas solventes que irradian liderazgo y se ganan el respeto de los compañeros por la calidad de su trabajo y su bonhomía personal. Periodistas inconmensurables como el inolvidable Pepe Carreres.
Llegué al periódico en 2009, dos años después de su jubilación, pero era un histórico, uno de los nuestros, que seguía estando en los momentos importantes del diario, mantenía desde la distancia un compromiso ejemplar con esta cabecera y para colmo dejó entre nosotros el mejor legado posible, su hija Fuensanta, excelente periodista y compañera. Carreres fue un referente para jóvenes y veteranos periodistas que siempre me impresionaba por la fortaleza con la que estrechaba la mano mientras desplegaba su luminosa sonrisa. En una ocasión, con el único motivo de pasar un buen rato, Carreres, Pedro Soler y García Martínez me invitaron a comer en el restaurante Jota Ele, donde periódicamente se daban citan. Fue un privilegio inolvidable porque sabía de antemano que a quien invitaban era a Alberto, no al director del periódico. Esas tres leyendas ya están en los cielos. Puedo imaginármelos sentados en torno a una misma mesa, hablando entre bromas de las vidas tan plenas que tuvieron, con ese punto rebelde e irreverente hacia la autoridad pomposa que tanto me gustaba. Que Dios les bendiga allá donde estén.


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