El polvo sahariano es un riesgo creciente para la salud pública
- Alberto Aguirre de Cárcer

- hace 22 horas
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Los objetivos de calidad del aire en Europa, y por extensión la salud pública, están seriamente amenazados por el incremento de las concentraciones de polvo que llegan al continente, según un exhaustivo estudio con participación española acometido con datos de 2012 a 2021

Alberto Aguirre de Cárcer
Emergiendo majestuosamente sobre las cimas de la sierra de Carrascoy, un Sol de dimensiones gigantes iluminaba a duras penas el valle del Guadalentín a primera hora de la mañana del 22 de julio. Una inmensa neblina de polvo cubría el cielo sobre la autovía A7 entre Murcia y Lorca, dos ciudades frecuentemente castigadas por partículas PM10 y PM2,5 que llegan con las oleadas de polvo procedentes de las arenas del Sahara. Este último episodio obligó a activar el (poco estricto) protocolo por contaminación del aire en Murcia, como se advertía a los conductores en los paneles informativos. Había motivos sobrados para esa alerta. Las concentraciones de partículas PM10 detectadas en las estaciones regionales eran significativamente altas. Lorca fue el núcleo urbano más afectado, con una concentración que a las 8 de la mañana era de 86,34 μg/m3 (microgramos por metro cúbico). En Caravaca se registraron 80,05 μg/m3 y en Jumilla 75,41 μg/m3. En Murcia los valores de partículas PM10 asociadas al polvo del desierto también fueron relevantes, con 68,21 μg/m3 en la estación de la zona de San Basilio.
Este fenómeno natural que se vive recurrentemente con especial intensidad en la Región de Murcia se repite de forma más moderada en otras muchas partes de Europa, siendo el área mediterránea la zona más afectada. Estas intrusiones de polvo sahariano llegan incluso a cruzar el océano Atlántico, alcanzando a numerosos países americanos, especialmente a los bañados por las aguas del Caribe. A los científicos y las autoridades públicas les preocupa el polvo sahariano porque mientras que están disminuyendo las partículas contaminantes en la UE provocadas por el transporte, la industria y los hogares, gracias a la implementación de medidas de control rigurosas, las partículas transportadas por el polvo del desierto están incrementándose en nuestro territorio continental.
Para determinar con rigor y precisión el alcance de este fenómeno, un equipo internacional de medio centenar de investigadores coordinados desde el Instituto Paul Scherrer, con participación de científicos de las Universidades de Granada y Huelva, han revisado mediciones realizadas entre 2010 y 2021 en unas cien estaciones repartidas por toda Europa. El estudio combina, por primera vez, una red de observaciones directas con un modelo estadístico para cuantificar el polvo desértico a escala continental en Europa, sus tendencias temporales, sus causas y su impacto sanitario. Los resultados de este análisis, publicados a mediados de julio en la revista 'Nature', muestran que la concentración media de partículas PM10 en polvo del desierto llegado a Europa fue de 5,3 microgramos por metro cúbico de aire durante las instrusiones acaecidas en esa década, el doble de lo observado en el norte y centro del continente (2,1 μg/m3). Si comparamos estas cifras con las detectadas en la Región de Murcia en la última intrusión de este mes de julio, es fácil advertir la gravedad que adquiere este fenómeno en la calidad del aire del sureste español.
Kaspar Dallenbach, autor principal del estudio, detalla que si bien el número de intrusiones no ha aumentado en esos diez años (alrededor de unas 46 al año), lo han hecho de forma considerable las concentraciones de polvo que transportan cada una de ellas, pues son aproximadamente entre un 10 a 25 por ciento cuantitativamente superiores. Para poder hacer un análisis con mayor perspectiva histórica, este equipo escrutó hielo perforado en el subsuelo de un glaciar situado en la frontera entre Suiza e Italia. Las partículas de polvo atrapadas en el hielo desvelan que las concentraciones de polvo del desierto se duplicaron durante los últimos 150 años en Europa. Para discriminar qué partículas proceden del polvo del Sahara de las originadas por el tráfico y otras fuentes urbanas, Dallenbach y sus colaboradores utilizaron como traza la concentración de aluminio, un elemento característico de las partículas de polvo aerotransportadas desde los desiertos.
El trabajo publicado en 'Nature' indica que la creciente desecación del Sahara por el calentamiento global, junto a la alteración de los patrones de circulación atmosférica, estarían detrás de ese incremento de polvo que nos llega del gran desierto africano. “Todavía no está definitivamente claro hasta qué punto el cambio climático inducido por el hombre ha contribuido a este desarrollo o si lo está intensificando aún más", dice Kaspar Dällenbach en un comunicado del Instituto Paul Scherrer. "Sin embargo, nuestro conocimiento actual sugiere que el aumento del polvo del desierto se ve al menos facilitado por las emisiones de gases de efecto invernadero y el calentamiento global asociado. Esto conduce a condiciones más secas en ciertas regiones y a la expansión de los desiertos".
Los autores del estudio advierten de que a medida que el cambio climático acelera la degradación del suelo y modifica los patrones meteorológicos la contaminación por polvo podría empeorar, representando un riesgo creciente tanto para la salud pública como para el cumplimiento de los objetivos de calidad del aire en Europa. Los estudios epidemiológicos muestran una relación entre el polvo del desierto aerotransportado y episodios de asma y bronquitis crónicas, aunque harán falta estudios a largo plazo para tener resultados concluyentes. No obstante, este equipo científico europeo asegura que el aumento de la mortalidad por ataques cardíacos y problemas respiratorios en los días con intrusiones de polvo está bien documentado.
A diferencia de las partículas contaminantes producidas por los vehículos, las industrias y las viviendas, no hay forma directa de reducir las partículas que transporta el polvo del Sahara. La reducción de emisiones de gases de efecto invernadero podría contribuir a largo plazo a frenar la desecación de las zonas desérticas, el principal factor que está detrás del incremento del polvo aerotransportado. Pero dicho lo anterior, Europa no tiene más remedio que convivir con las consecuencias del polvo del desierto. De ahí que mejorar e incrementar las redes de medición y los sistemas de alerta a la población sean hoy objetivos ineludibles, junto al cumplimiento más estricto de las medidas contra la contaminación del aire provocado por la actividad humana.





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