La próxima ola de calor será peor si llega pronto
- Alberto Aguirre de Cárcer

- 1 jul
- 5 min de lectura
Actualizado: 2 jul
La primera ola de calor del verano causó más de 600 muertes en España entre el 22 y 24 de junio, según la estimación provisional del Instituto de Salud Carlos III, que atribuye más de 1.000 fallecimientos a las altas temperaturas durante todo ese mes, el segundo junio más cálido desde que hay registros. Los científicos nos advierten de que las olas de calor serán más recurrentes, intensas y largas

Alberto Aguirre de Cárcer
Escribo estas líneas el 1 de julio, justo cuando las previsiones de la Aemet advierten de una posible segunda ola de calor durante el primer fin de semana de este mes. Ese aviso me trae rápidamente a la memoria un reciente estudio realizado por científicos europeos, entre ellos la española Laura Suárez Gutiérrez, ahora en la Universidad holandesa de Wageningen. Publicado este año en la revista Communications Earth & Environment, este trabajo revela que gran parte de las más dañinas olas de calor en Europa llegaron a las pocas semanas de otras precendentes.
El equipo de Suárez Gutiérrez explica que las primeras olas de calor del verano incrementan la evaporación del suelo y la sequedad de la tierra. De modo que las que vienen después focalizan todo su efecto en el calentamiento del aire. Lo peligroso para nosotros radica en que la capacidad de recuperación del cuerpo sometido a altas temperaturas está más comprometida en una segunda ola por los efectos fisiológicos experimentados en la primera subida extrema de las temperaturas. Por tanto son las personas, los ecosistemas y las infraestructuras más afectadas por el estrés térmico de este mes de junio en España las más vulnerables en estos momentos si se cumple el pronóstico de la Aemet y se disparan los termómetros.
Se trata de un fenómeno preocupante puesto que el riesgo de recurrencia de estos episodios de estrés térmico se han intensificado en Europa, que se calienta mucho más rápido que el resto del planeta (la temperatura media ha subido aquí 2,5 grados respecto a la época preindustrial).
No hay un consenso científico sobre las razones que explican ese calentamiento acelerado en Europa. Se barajan varios factores. Las políticas públicas para reducir la contaminación en las ciudades han logrado reducir el número de aerosoles en la atmósfera, lo cual es muy positivo para la salud pública pero limita la cantidad de radiación solar que es reflejada por esas partículas. La pérdida de gran parte de la cubierta de nieve en nuestro continente también habría aumentado todavía más la cantidad de radiación solar que llega y es absorbida por el suelo. Además, los cambios en los patrones de la circulación atmosférica sobre el área de influencia de Europa habrían contribuido también a esa mayor gravedad y recurrencia de las olas de calor veraniegas.
Otra ola de calor de magnitud similar o superior a la que se ha vivido en Europa podría ser terrible. Se batieron récords de temperatura en media docena de países, donde se registraron miles de muertes. En un solo día murieron de ataques al corazón decenas de personas en Paris, mientras las imágenes de raíles de tranvía fundidos por el calor en Leipzig (Alemania) nos dejaron a todos impresionados. En The New York Times, el periodista especializado en clima David Wallace señaló que esa “ola de calor tan intensa era esencialmente imposible de imaginar durante toda la duración de la civilización humana hasta ahora; durante solo un par de décadas, el cambio climático lo ha hecho tal vez 100 veces más probable que antes de este siglo”.
El problema es global, producto del calentamiento causado por las emisiones de gases asociados a la quema de combustibles fósiles. Un estudio publicado hace pocas semanas en Nature Climate Change muestra que la población expuesta a un calor peligroso se ha elevado desde 1970 en el mundo. Mil millones de personas más se enfrentan al menos a un día de estrés térmico extremo. Rebecca Emerton y sus colaboradores del Centro Europeo de Predicción Meteorológica de Reading (Reino Unido) centraron esta investigación en el índice de estrés térmico, un indicador que no solo tiene en cuenta la temperatura, sino también la humedad, la radiación y la velocidad del viento. En su análisis destaca la observación de que el estrés térmico se incrementó mucho más durante las noches. Es una tendencia inquietante porque el calor nocturno es especialmente relevante para la salud de las personas ya que el cuerpo tiene menos capacidad para recuperarse del estrés térmico que ha experimentado a lo largo del día.
Al debate sobre cómo mitigar el calentamiento global (no hay más salida que aumentar las energías limpias y reducir los combustibles fósiles) se suma el de la adaptación al cambio climático. Una realidad que no pueden eludir ni los negacionistas del cambio climático puesto que el calentamiento global es innegable y obliga a adoptar medidas.
Solo en una ocasión ha habido desde que hay registros una ola de calor en junio en España. Ha sido un mes de intenso calor que ha pillado a numerosos estudiantes todavía en los centros de enseñanza primaria, secundaria y superior. Los colegios españoles, en gran parte con muchas décadas de antigüedad, fueron construidos pensando en cómo combatir el frío del invierno. Pero el calor veraniego intenso se está progresivamente adelantando, pillando en las aulas (la mayoría sin climatizar) a los alumnos, que ven comprometida tanto su salud como su rendimiento académico. El Gobierno central y algunos autonómicos han prometido inversiones millonarias para adaptar los centros. Son planes necesarios pero llegan tarde. Además, algunos ya fueron anunciados y no se acometieron. Peor aún, las últimas propuestas vienen con una promesa financiera que se queda muy corta.
Las autoridades no pueden alegar desconocimiento. Se sabe desde hace mucho tiempo a qué nos enfrentamos. En 2003, una ola de calor extrema causó más de 70.000 muertes en Europa, según las estimaciones científicas más conservadoras. La magnitud de ese fenómeno fue tan intensa que provocó las primeras iniciativas relevantes en algunos países, incluido España. Una de las naciones más vulnerables es Francia, con París a la cabeza, pese a lo cual sigue siendo uno de los países que menos preparado está para hacer frente a las consecuencias del calor extremo.
Actuar sale a cuenta. En un trabajo publicado en Nature Medicine, científicos del ISGlobal de Barcelona señalan que la mortalidad por calor en el verano de 2023 en Europa habría sido un 80% superior de no haber sido por las medidas de adaptación en marcha. Es una cifra relevante porque estimaron en 47.690 las muertes relacionadas con el calor en 2023, la segunda carga de mortalidad más alta durante el período de estudio 2015-2023, solo superada en 2022. En sus conclusiones, el equipo científico catalán subrayó la urgencia de disponer de estrategias más efectivas para reducir aún más la carga de mortalidad de los próximos veranos calurosos, especialmente en la población de más de 80 años. Sería muy temerario que, como sucede con frecuencia, la política haga oídos sordos a la voz de la ciencia.





Comentarios