Bad Bunny o la purga de Benito
- Alberto Aguirre de Cárcer

- 11 feb
- 3 Min. de lectura
Una poción de amor a lo latino preparada por el artista puertorriqueño hechizó a millones de espectadores, pero a Trump, el odiador en jefe, le removió las tripas. Mal que le pese, el español está al alza en EE. UU.

A. Aguirre de Cárcer
Tuvo un efecto inmediato, casi mágico. Una poción de amor por la cultura latina instantánea y medicinal. No había acabado el show y Benito Antonio Martínez Asensio, alias Bad Bunny, ya había hechizado a 124 millones de espectadores en todo el mundo. La purga de Benito era esto. En tiempos tensos y divisivos, la actuación del artista puertorriqueño en el Super Bowl fue un revitalizante canto a la hermandad de los pueblos de América y una festiva reivindicación del peso de la cultura latina en la sociedad estadounidense.
El show de 13 minutos encerraba además un mensaje político: el sueño americano no es exclusivo de ningún grupo político o una comunidad concreta. Los valores estadounidenses también forman parte de la herencia latina. Era la primera vez en la historia de esa competición que actuaba un artista cantando exclusivamente español. Y aquello resultó indigerible para Donald Trump, el odiador en jefe que en su red social despotricó contra un espectáculo “absolutamente terrible”, todo un “puñetazo en la cara a nuestro país”. Una vez más, el presidente ‘fast and furious’.
Lo que más irritó al presidente estadounidense fue que “nadie entendía una palabra de lo que este tipo decía”. Falso. Bad Bunny es el artista más escuchado en la platorma Spotify por los usuarios estadounidenses. La reproducción de sus canciones creció allí un 400% tras su estelar actuación. La dicción del ‘conejo malo’ no es canónica pero seduce y la entienden más de 40 millones de hispanohablantes en EEUU. Algunas fuentes elevan esta cifra a 63 millones.
El español es, a gran distancia de otras, la segunda lengua más hablada en los hogares de EE.UU. Por eso, Donald Trump grabó varios videos pidiendo el voto de los latinos, aunque una vez alcanzada la Casa Blanca cerró la versión en español de la página web de la institución presidencial y declaró el inglés como idioma oficial de EE.UU. en marzo de 2025.
Diez años antes dijo en un debate que en Estados Unidos no se habla en español, cuando ya era el segundo país americano de habla hispana tras México. En Florida y otros territorios se habla desde antes de la fundación del país. España tuvo su primer asentamiento permanente en Florida en 1565, medio siglo antes que los colonos ingleses se establecieran en Virginia.
Todavía hoy, pese a la hostilidad de Trump hacia los inmigrantes latinos, hablar español es un activo importante en la búsqueda de empleo. Y la cultura hispana tiene una enorme influencia en el cine, la música y la televisión. El último álbum de Bad Bunny fue el gran triunfador en los premios Grammy y son cada vez más los actores y cineastas latinos galardonados con un Oscar. El español está en alza en Estados Unidos no solo por efecto de la inmigración. Según la conocida App de aprendizaje de idiomas Babbel, el número de estudiantes estadounidenses de español ha crecido del 26% al 60% entre 2012 a 2025.
Lamentablemente, no todo es positivo. En plena ofensiva contra la inmigración irregular, un ciudadano estadounidense de origen latino fue detenido injustamente en Minneapolis por agentes de la Patrulla Fronteriza y del ICE al cuestionar su acento al hablar inglés. La detención de este hombre, delante de su hija, se volvió viral en internet. En el frente contra la inmigración irregular, que ya se ha traducido en 600.000 deportaciones, Trump echa más gasolina con sus habituales referencias despectivas hacia los mexicanos y otros inmigrantes que vienen, dice, de lugares horribles. La purga de Benito le vino estupendamente.
El español en Estados Unidos es una lengua viva, que se enriquece con las particularidades de las distintas comunidades latinoamericanas. No lo está poniendo fácil la nueva administración, limitando las becas a los estudios en inglés, obligando a presentar en ese idioma determinados formularios administrativos y forzando a utilizar para obtener la licencia para conducir. De momento, el español no solo resiste, sino que crece.





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