Dahl, Pou y Lithgow, gigantes en escena
- Alberto Aguirre de Cárcer

- 25 mar
- 3 Min. de lectura
‘Gigante’, la obra teatral de Mark Rosenblatt que retrata el ángulo más espinoso del afamado escritor Roald Dahl, triunfa en Madrid con la interpretación de José María Pou y en Nueva York con John Lithgow, ambos en el papel del gran narrador de historias para niños. ‘Gigante’ recrea el perfil psicológico más oscuro de Dahl, envuelto en su día en una encendida polémica por sus opiniones antisemitas

A. Aguirre de Cárcer
Los debates sobre los límites de la libertad de expresión y la cultura de la cancelación, sobre las fronteras entre el antisemitismo y el antisionismo, sobre la posibilidad de admirar la obra de un creador y al mismo tiempo reprobar sus crueles discursos de odio, o sobre defender la causa palestina sin culpar al pueblo judío de las acciones de los gobiernos de Israel… Son muchas las capas que se solapan en esta obra construida sobre arenas movedizas. Se trata de la primera para teatro escrita por Mark Rosenblatt, quien recrea un almuerzo ficticio de Roald Dahl con dos ejecutivos de sus editoriales y su prometida. En ese encuentro imaginario en la casa de campo del escritor galés, ambos profesionales del mundo del libro tratan de convencerle de que pida disculpas públicas por unas frases ofensivas hacia los judíos, a fin de evitar una mala publicidad justo cuando se disponen a lanzar su nueva obra al mercado, con el riesgo de que propietarios de librerías pudieran llegar a boicotear su venta.
El punto de partida de ‘Gigante’ sí es real. Roald Dahl ya era considerado el más prestigioso narrador de literatura juvenil e infantil cuando en 1983 publicó en la revista Literary Review una reseña de un libro de fotografías sobre el bombardeo israelí sobre el Líbano en 1982, un ataque que provocó dos matanzas de miles de civiles. Dahl pedía a los israelíes que se levantaran contra su gobierno en un duro artículo que terminaba por incluir frases racistas sobre los judíos. No fue la única vez que el autor de ‘Charlie y la fábrica de chocolate’ caía en el antisemitismo. En una entrevista publicada en The New Statesman llegó a decir: "Hay un rasgo en el carácter judío que provoca animosidad... Incluso un canalla como Hitler no los acosó sin razón".
Treinta años después de su muerte, la familia de Dahl y la Roald Dahl Story Company difundieron una disculpa pública por sus comentarios, tachándolos de "incomprensibles" y contrarios a los valores que irradiaban sus obras. “Yo leo las historias de Roald Dahl a mis hijos, no está cancelado en mi casa, pero tengo una relación complicada con él”, confiesa Mark Rossenblat, el autor de ‘Gigante’. “Me gusta la obra de Dahl, no creo que su racismo esté ahí, en sus libros, y si estuviera no los leería a mis hijos. Al mismo tiempo, sé que él odiaría a alguien como, yo de alguna manera, y eso no es muy agradable”, reconoce.
‘Gigante’ está triunfando en el Teatro Bellas Artes de Madrid con José María Pou en el papel de Roald Dahl. Se estrenó en febrero y apenas quedan entradas disponibles durante las próximas dos semanas. Pou, que a sus 82 años sigue siendo un actor teatral deslumbrante, decidió salir de su retiro tras ver la obra en Londres, protagonizada por otro grande de la escena, el actor John Lithgow, también octogenario. Antes de que ‘Gigante’ recibiera tres premios Olivier en el Reino Unido, Pou vio el potencial de este drama tras asistir a una representación en Londres y puso en marcha en Barcelona su propia versión, estrenada el pasado año.
Hace solo unos días la obra teatral arribó también a Nueva York con John Lithgow como protagonista. Un estreno rodeado de la máxima expectación pues llega en plena guerra de Israel contra Irán y tras la condenable destrucción genocida de Gaza como respuesta al criminal ataque de Hamas. Un momento especialmente sensible, lo que añade un interés adicional a la conversación teatral que Mark Rosenblatt plantea en ese almuerzo imaginario. “La línea entre el antisemitismo y el antisionismo, y mucho menos la mera desaprobación de las acciones del gobierno israelí, es perennemente borrosa y, en este momento, electrificada”, escribía el crítico teatral Jesse Green en The New York Times.
Tanto José María Pou como John Lithgow ofrecen un convincente retrato psicológico de Dahl, un escritor de extraordinaria inteligencia y carisma pero que podía llegar a utilizar la retórica más ofensiva y cruel. Un monstruo en ocasiones que fue a la par creador de obras maestras. Sus reflexiones sobre el escenario pueden horrorizar por su sadismo, cuando sin disimulo acentúa su argumentación antisemita, y al mismo tiempo sus palabras llegan a enternecer al espectador cuando recuerda la muerte de su hijo de siete años. En definitiva, una cita cultural ineludible con el mejor teatro.





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