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Los mercados de predicción se frotan las manos con Trump

  • Foto del escritor: Alberto Aguirre de Cárcer
    Alberto Aguirre de Cárcer
  • 31 ene
  • 8 Min. de lectura

Actualizado: 1 feb

Las plataformas donde se apuesta sobre todo tipo de eventos, algunos banales y otros geopolíticos, mueven miles de millones, empiezan a ser utilizados por medios de comunicación y desatan no pocas críticas


Alcalde de noche
Imagen generada por IA.


A. Aguirre de Cárcer

Los mercados de predicción donde miles de millones de dólares pasan de unas manos a otras, apostando sobre si Estados Unidos bombardeará Irán el 15 de febrero o adquirirá parte de Groenlandia en 2026, pero también sobre la fecha de la boda de Taylor Swift o el número de tweets que hará Elon Mask en una determinada semana, están creciendo en popularidad y volumen de negocio a un ritmo sorprendente. En su origen, las dos principales plataformas -Kalshi y Polymarket- atrajeron sobre todo la atención de jóvenes estadounidenses que intentaban obtener beneficios rápidos para luego comprar criptomonedas. Recientemente, sin embargo, han despertado el interés de grandes medios de comunicación estadounidenses, que están llegando a acuerdos de colaboración con ambas empresas.


Aunque el grueso del negocio está obviamente centrado en eventos estadounidenses, en la oferta actual de ambas plataformas hay apuestas sobre acontecimientos deportivos y políticos españoles. El 28 de enero, la apuesta en Polymarket sobre el ganador de nuestra Liga de fútbol movilizaba ya 65 millones de dólares. El Barcelona (56%) aparecía como favorito frente al Real Madrid (42%), aunque al tratarse de un mercado dinámico el precio por la opción de uno y de otro irá variando con los resultados, lesiones y otras circunstancias, como por ejemplo el cambio de entrenador o la marcha de ambos equipos en la Champions.


Como es natural, mucho menos interés para estas empresas estadounidenses suscita la política española, pero no está del todo ausente. Por ejemplo, hay una apuesta abierta en Polymarket sobre el futuro de Pedro Sánchez, en concreto sobre la posibilidad de que deje La Moncloa antes de agotar la legislatura. La predicción de que dejará la presidencia del Gobierno a mitad de año tiene un 11% de respaldo, porcentaje que crece al 29% cuando el umbral límite para esa hipotética marcha se sitúa en el 31 de diciembre de 2026.


Los mercados de predicción ya forman parte rutinaria de la política y la cultura de Estados Unidos. Un ejemplo ilustrativo se produjo en la transmisión de la gala de los Globos de Oro, donde iban apareciendo en pantalla las pronósticos de quienes estaban apostando en línea por los ganadores. Para tener una idea aproximada de la dimensión de este fenómeno basta un dato: en diciembre del año pasado, Kalshi y Polymarket movilizaron en solo un mes 12.000 millones de dólares, un 400% más que en diciembre de 2024. El crecimiento del volumen de negocio ha sido espectacular. A principios de 2024 solo manejaban 100 millones de dólares.


A la vista de esas cifras no es casual que se hayan convertido en las nuevas firmas con mayor valoración en la industria tecnológica. Tampoco parece casual que Donald Trump Jr., el hijo mayor del presidente de Estados Unidos, sea asesor de ambas plataformas y que la propia familia Trump esté preparando la suya propia, Truth Predict. El estilo de gobernanza del actual inquilino de la Casa Blanca no le podía venir mejor a este negocio, pues Trump es una máquina de lanzar advertencias y amenazas que van evolucionando con el tiempo en negociaciones a cara de perro. Algunas se cumplen, otras no, pero no dejan de generar interrogantes y provocar situaciones inciertas y con altibajos donde caben todo tipo de apuestas. ¿Comprará Groenlandia? ¿Bombardeará Irán? ¿Forzará la renuncia del presidente de la Reserva Federal?... La incertidumbre y el caos que acompaña a Trump es el escenario perfecto para estas plataformas.


Los mercados de predicción van a crecer mucho más en 2026. Ya no solo es cosa de jóvenes en línea interesados por los bitcoins. La CNN ha llegado a un acuerdo con Kalshi para integrar los datos de esta plataforma en sus transmisiones, de tal modo que aparecerán en pantalla cuando se hable de las expectativas de los demócratas en las próximas elecciones de mitad de legislatura o el relevo del presidente de la Reserva Federal. Por su parte, Polymarket llegó a un acuerdo con el grupo propietario del Wall Street Journal, en virtud del cual los periodistas de este medio podrán utilizar la información de esa plataforma para evaluar las expectativas colectivas sobre eventos geopolíticos internacionales.


Esta creciente presencia de los mercados de predicción genera debate social en EE UU. Quienes defienden su utilidad aseguran que proporcionan mejor información que las encuestas porque no preguntan lo que la gente cree, sino lo que está dispuesta a respaldar con incentivos reales. En una encuesta, equivocarse es gratis; en un mercado de predicción, no, dicen sus defensores.


Los participantes en estos mercados ponen dinero en juego. Eso les obliga a revelar lo que inequívocamente creen, a buscar información adicional y a cambiar de opinión cuando aparece nueva información. El resultado es un precio que sintetiza, en tiempo real, información dispersa entre miles de personas, dicen los propietarios de estas plataformas.

 

Los entusiastas de estos mercados apuntan además que, a diferencia de las encuestas, ponderan automáticamente a quienes aciertan más: quienes tienen mejor información o mejor juicio ganan dinero y aumentan su influencia, mientras que quienes se equivocan pierden y pesan menos. No hace falta decidir a quién creer; el mercado lo hace solo. Por último, estos mercados son dinámicos. Mientras que una encuesta captura una fotografía estática del momento, el precio de un contrato cambia continuamente conforme llega nueva información. En ese sentido, el mercado funciona más como un “termómetro” que como una foto.


Las raíces de los mercados de predicción son tan antiguas que algunos estudiosos remontan su origen a apuestas políticas de los inicios del siglo XVI. Ya en 1884 existían apuestas electorales en Wall Street. Especialmente relevante fue la defensa de los mercados de predicción que hizo un nutrido grupo de acreditados economistas en la revista Science en 2008. En un artículo conjunto, estos expertos argumentaban que la alta eficacia de los mercados de predicción para la toma de decisiones había hecho que fueran utilizados por el Departamento de Defensa y por importantes empresas, como Eli Lilly, IBM, Microsoft, Siemens y Google, entre otras. Los precios fijados en esos mercados reflejaban las expectativas de sus empleados sobre asuntos muy diversos, desde una amenaza a la seguridad nacional, el éxito potencial de un nuevo medicamento o el momento adecuado para lanzar un producto al mercado. Estos investigadores se lamentaban en 2008 de las barreras federales y en diversos estados relacionados con el juego que impedían el despegue de esos mercados de predicción.


Pero no todo el mundo tiene una opinión positiva de este negocio que, obviamente, fomenta el juego en línea. El riesgo de verse atrapado adictivamente o perder grandes sumas de dinero es el más evidente. Existen otros no menores, que son más profundos en lo colectivo. El editor de la prestigiosa revista The Atlantic, Saahil Desai, afirma en un artículo que "el problema es que los mercados de predicción están marcando el comienzo de un mundo en el que las noticias se vuelven tanto sobre el juego como sobre el evento en sí. Cuanto más se traten los mercados de predicción como noticias, especialmente de cara a otra elección (política), más cada caída y oscilación en las probabilidades puede terminar engañando salvajemente a la gente sobre lo que podría suceder, o influyendo en lo que sucede en el mundo real. Sin embargo, no está claro si estos sitios son predictores significativos de algo”.


Desai advierte de que estos mercados de predicción pueden ser manipulados. Cita un caso sospechoso de 2012 y apunta la posibilidad de que se pudiera alterar intencionadamente la percepción pública sobre las expectativas de un candidato presidencial con opacas apuestas, por ejemplo, desde un país extranjero. Personalmente, no me sorprendería que, con la valoración de Trump a la baja en los sondeos demoscópicos, empecemos a ver un estado de opinión diferente sobre el controvertido presidente en estas plataformas. Más aún si la propia familia Trump lanza la suya propia a través del grupo que creó para fundar la red social Truth Social.


Para el editor de The Atlantic, con estas plataformas se corre el riesgo de destrozar "cualquier confianza compartida que aún nos quede". Varias publicaciones estadounidenses recuerdan que fue particularmente sospechosa una apuesta relacionada con la detención de Nicolás Maduro. A través de una cuenta creada en diciembre pasado en Polymarket, un individuo apostó, en las horas previas a que Trump diera la orden de apresar al presidente venezolano, a que Maduro caería a finales de enero. Esa 'predicción' le reportó 410.000 dólares. No hay ninguna prueba de que el ganador tuviera información privilegiada, pero muchos temen que eso pasará tarde o temprano.


Saahil Desai cuenta que cuando la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, recientemente terminó abruptamente su sesión informativa después de 64 minutos y 30 segundos, muchos apostantes se indignaron, porque habían predicho (con un 98 por ciento de probabilidades) que la sesión informativa pasaría de 65 minutos. "Algunos sospecharon, sin pruebas, que Leavitt se había detenido deliberadamente antes de los 65 minutos para obtener ganancias", detalla este acreditado periodista.


Los defensores de estos mercados de predicción insisten en que estas plataformas no son empresas de apuestas al uso porque constituyen una fuente de información valiosa sobre eventos mundiales. Sin embargo, se les acusa de difundir noticias falsas a través de sus cuentas en redes sociales, cayendo en la tentación de crear cebos y reacciones emocionales para captar la atención y lograr viralidad. Polymarket atribuyó una frase al magnate Jeff Bezos que resultó falsa, siendo desmentida por el propio afectado. La misma plataforma atribuyó a Zohran Mamdani, hoy alcalde de Nueva York, la intención (falsa) de obligar a estudiar la numeración árabe en los colegios públicos de esa ciudad, según detalla la publicación Axios.


Hasta no hace mucho tiempo, las dos plataformas estuvieron prohibidas para los usuarios de Estados Unidos. De hecho estaban sometidas a una investigación federal mientras en paralelo se cuestionaba la legalidad de las apuestas relacionadas con las elecciones a la Cámara de Representantes. Ahora tienen vía libre para operar en ese país, bajo la supervisión de la Comisión de Comercio de Futuros de Productos Básicos, aunque todavía hay algunos estados que están intentando someter a ambas plataformas a las mismas reglas que afectan a las empresas de apuestas tradicionales. Otros directamente quieren prohibirlas porque ni siquiera autorizan los juegos de azar en internet. Paralelamente se está discutiendo en Washington una regulación para que los funcionarios públicos no puedan enriquecerse haciendo uso de información privilegiada.


Los mercados de predicción funcionan como una mezcla entre las apuestas tradicionales on line y los mercados financieros, estimando la probabilidad de que ocurra un evento. En estas plataformas las apuestas se hacen mediante la compra y la venta de 'contratos' sobre eventos futuros, cada uno de los cuales tiene resultados posibles.


No se apuesta dinero directamente como en las casas de apuestas tradicionales, sino que se compran esos 'contratos' que se retribuyen exclusivamente si el evento ocurre. Existen dos vías de ganar dinero. Una es acertando el resultado. Por ejemplo, si el evento planteado es si Sánchez dimitirá antes del 31 de diciembre, el apostante que así lo crea y compre un 'contrato' que esté valorado en 30 céntimos de dólar, ganará un dolar si finalmente se cumple la predicción. Pero también podría ganar 30 céntimos si el 'contrato’ sube de precio a 60 céntimos porque ha aparecido nueva información que aumenta la probabilidad del evento y el comprador decide vender su 'contrato' a otro. La casa, en este caso las dos plataformas, no fijan el precio, sino el mercado. El precio sube cuando mucha gente piensa que lo que se plantea pasará y baja cuando creen que no.



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