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Trump quiere lo mismo de Irán y España

  • Foto del escritor: Alberto Aguirre de Cárcer
    Alberto Aguirre de Cárcer
  • 7 mar
  • 7 Min. de lectura

Actualizado: 8 mar

El presidente estadounidense desea socios sumisos que compren armamento a las grandes empresas de su país, como en su tiempo hizo el sah de Persia. Trump pide eso mismo al resto de miembros de la OTAN como condición para seguir apoyando a Ucrania. EE UU se reserva para sí los sistemas militares asistidos por inteligencia artificial


Alcalde de noche
Imagen generada por IA.


A. Aguirre de Cárcer

Cuando hace pocos meses apareció en Estados Unidos un libro llamado ‘Rey de Reyes’ sobre la figura del sah de Persia no quise esperar a su posible publicación en España y lo compré en su edición original en inglés. Las críticas que leí del libro, escrito por el periodista Scott Anderson, apuntaban a que su lectura podía ser útil para entender el complejo contexto histórico de las recientes protestas de los comerciantes y estudiantes iraníes contra el régimen de los ayatolás, una contestación que fue duramente reprimida, solo unos meses después del bombardeo de Estados Unidos e Israel a instalaciones militares, en junio de 2025.


Había además un motivo más personal. Cuando viví con catorce años en Amman (Jordania), el sah era un personaje habitual en los semanarios internacionales de información política y social, como la revista francesa L’Express, que mi padre leía por su trabajo y que yo luego hojeaba, en plena efervescencia adolescente, para ver las fotografías de Brigitte Bardot, Francoise Hardy y Jane Birkin, pero también de Farah Diba, la esposa de Mohamed Reza Pahlevi, que frecuentemente viajaba a Europa para esquiar en Suiza. En 1975 ambos monarcas eran todo un símbolo de modernidad y progreso de una nación que había arrancado esa década con un crecimiento económico anual del 22%. Tras la riqueza derivada de petróleo, la pompa imperial y el glamour había una trastienda siniestra de un rey cada vez más alejado de su pueblo, al que controlaba represivamente con su policía política. Obviamente, de la realidad de las prisiones, la censura y la falta de democracia tuve conocimiento mucho tiempo después.


El sah fue, en realidad, una creación de Estados Unidos. Aunque había heredado el trono, concentró todo el poder con un golpe contra el gobierno iraní democráticamente elegido que fue orquestado y coordinado por la CIA en 1953 para contribuir a combatir la influencia de la Unión Soviética en plena Guerra Fría. Impulsado por un voraz apetito por el armamento estadounidense, gracias a la riqueza generada por el oro negro, el sah se convirtió en el principal cliente de la industria de defensa estadounidense. Casi la mitad de las armas vendidas durante el mandato de Carter fueron a parar a manos de las Fuerzas Armadas iraníes. Todo eso acabó en 1979 de forma abrupta con la revolución fundamentalista liderada por Jomeini, la cual pilló a la inteligencia estadounidense fuera de juego. Menos de dos años antes, Jimmy Carter calificaba a Irán como una isla de estabilidad en una región problemática. Fue durante una visita de Reza Pahlevi a la Casa Blanca, en la que el rey persa se comprometió a frenar en la OPEP cualquier intento de subir el precio del petróleo.


¿Cuál es el objetivo último de Donald Trump con la ofensiva bélica contra el régimen de los ayatolás? Visto lo ocurrido en Venezuela, no parece que sea llevar la democracia a Irán, sino contar con un nuevo régimen afín que facilite petróleo y gas y le compre armamento a la industria estadounidense. Lo que hizo básicamente el sah. Queda claro cuando Donald Trump afirma que quiere ser él quien determine quién va a dirigir Irán a partir de ahora. Lo explica bien el escritor de origen iraní Reza Aslan. “Muchos analistas creen que el resultado más probable de la campaña de bombardeo estadounidense-israelí no es el advenimiento de la democracia liberal, sino más bien un cambio en el centro de gravedad del régimen, del dominio clerical al dominio militar. Las túnicas retroceden, los uniformes avanzan y una tiranía reemplaza a otra”.


En un artículo publicado en The New York Times, este escritor que salió del país cuando triunfó la revolución islámica, señala que muchos de sus compañeros exiliados creen que cualquier cosa, incluso el gobierno militar, sería preferible a lo que existe ahora. “Tal vez tengan razón. Después de décadas de represión, la esperanza de liberación repentina puede hacer que casi cualquier promesa suene plausible”, afirma.


Sí, es muy posible que no sobrevenga algo peor que la autocracia islámica radical de Jamenei, muerto en la primera noche de bombardeos. Desde que sucedió a Jomeini en 1989, el cruel clérigo agudizó el empobrecimiento de los iraníes con su pertinaz deseo de desarrollar un programa nuclear que lo aisló del mundo. Priorizó además la intervención en el extranjero financiando el terrorismo en Irak, Líbano, Siria, Yemen y Gaza. Aplastó la disidencia y dio mayores poderes al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica para reprimir a su propio pueblo. Sofocó las protestas ciudadanas con especial saña, provocando el asesinato de miles de personas. Sí, en principio parece que no podrá venir algo peor.


En todo caso no bastará con descabezar a la cúpula para desmontar el régimen iraní. El núcleo del poder reside en la Guardia Revolucionaria Islámica, una red militar de inteligencia y económica entreverada profundamente en las instituciones del país, explica Aslan. “El I.R.G.C. no es simplemente un ala armada del régimen; controla vastos segmentos de construcción, energía, telecomunicaciones y finanzas. Sus comandantes supervisan la seguridad, sus compañías distribuyen el patrocinio y su ideología enmarca la resistencia a las amenazas extranjeras como un deber sagrado”. En definitiva, es más probable que un ataque externo fortalezca ese aparato que lo disuelva.


Los deseos de libertad para los iraníes de Donald Trump no convierten al líder estadounidense en un adalid de las democracias liberales. La experiencia de Venezuela muestra claramente que esa no es su prioridad. También se aprecia cuando se examina su política doméstica. Su comportamiento en el primer año de su segundo mandato se está caracterizando por numerosos gestos autocráticos, incluido el desprecio por los limites fijados por los tribunales y la propia constitución americana. Su querencia por las figuras políticas fuertes hacen temer que propiciará algún tipo de acuerdo en Irán con quien le asegure la estabilidad necesaria para comerciar con sus reservas de crudo y facilitar la venta de armas.


De alguna forma lo que quiere de España es similar. Un aliado sumiso que no ponga reparos regulatorios a las grandes tecnológicas estadounidenses y que gaste más en defensa, comprando más armamento a las empresas de su país. Estados Unidos dedica un gran presupuesto en defensa, pero destina directamente al mantenimiento de la OTAN lo mismo que Alemania. Es cierto que el Gobierno español dedica mucho menos dinero a la OTAN que otros socios, pero cuando Trump habla de este asunto no está pensando tanto en la fortaleza de la organización atlántica de defensa como en su deseo de que España y otros países europeos compren más armamento estadounidense.


Eso es exactamente la base de la nueva estrategia de apoyo a Ucrania formulada por Estados Unidos. En octubre pasado, el secretario de Estado de Defensa, Pete Hegseth, instó al resto de miembros de la OTAN para que se adhiriesen al recién estrenado esquema de apoyo a través de la compra de armas estadounidenses para el ejército ucraniano. Hegseth tenía la vista puesta en la reticencia a tal esquema de España, Francia y Italia.


Obviamente, la administración Trump quiere vender armamento convencional de la industria de defensa, no sus desarrollos tecnológicos más punteros, como el sistema inteligente Maven. Construido por la empresa Palantir, especializada en minería de datos, estaría generando información muy valiosa en el bombardeo a Irán a partir de una asombrosa cantidad de datos clasificados de satélites, vigilancia y otra inteligencia, según reveló The Washington Post. El sistema está proporcionado orientación en tiempo real y priorización de objetivos a las operaciones militares en Irán. Se trata de la inteligencia artificial más avanzada jamás utilizada en la guerra, según el citado diario estadounidense. En el sistema Maven se incluye la herramienta de IA de Anthropic, Claude, una tecnología que continuará utilizándose durante los próximos meses pese a que el Pentágono decidió prohibirla. Fue una represalia del mando militar a instancias de Trump por el rechazo de la empresa Anthropic a que pudiera utilizarse su programa para vigilar a ciudadanos estadounidenses o para su uso en drones que tomen decisiones autónomamente en pleno campo de batalla.


Según la información desvelada por The Washington Post, mientras la planificación de un posible ataque en Irán estaba en marcha, Maven, impulsado por Claude, sugirió cientos de objetivos, emitió coordenadas de ubicación precisas y priorizó esos objetivos según su importancia. Solo en el primer día de bombardeos se alcanzaron mil objetivos en Irán, incluido el inexplicable ataque a una escuela en la que murieron decenas de niños.


Como recuerda la revista científica Nature, tanto en Ucrania como en Gaza se está utilizando también la IA en el proceso de identificación de objetivos y en la navegación de drones, pero eso no ha hecho que se reduzcan el número de bajas civiles. Al contrario. Precisamente esta semana se está celebrando en Ginebra una reunión de expertos convocada por la ONU para debatir el uso militar de la IA en lo que se considera uno de los primeros pasos para alcanzar un acuerdo internacional sobre la utilización ética y legal de la IA en las guerras.


Dudo mucho de que Trump llagara a rubricar un pacto que limite el uso militar de la IA por parte de Estados Unidos, incluso en lo tocante a armas letales autónomas sin supervisión humana. Trump es el primer presidente estadounidense de la era moderna que se embarca en una guerra sin apoyo público y sin el respaldo de la Cámara de Representantes. Todavía no se conocen cuáles son las razones oficiales de la ofensiva bélica pues son varias las versiones que han dado el propio Trump y su mano derecha, Marco Rubio. Tampoco se sabe cuáles son los planes a posteriori que tiene en mente para Irán, salvo más allá de pedir su rendición y asegurar que pondrá a un gran líder al frente del país. Mientras, la primera semana de bombardeos se salda con mil muertes. Y esto no es más que el principio.

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