Zapatero y el show de los Truman
- Alberto Aguirre de Cárcer

- 7 feb
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Actualizado: 8 feb
Un decreto de Felipe González concede una pensión vitalicia a los expresidentes españoles, que pueden compatibilizarla con ingresos por actividades privadas. Quizá ha llegado el momento de regularlas

A. Aguirre de Cárcer
Dice la IA de Google que el mensaje de la película El Show de Truman es una crítica a la manipulación mediática, la búsqueda de la verdad y la naturaleza de la realidad. Es muy posible que el expresidente Zapatero se sienta hoy de alguna manera como el personaje principal de esa ficción cinematográfica, sometido a un escrutinio implacable por parte de los medios y del que surge, en su caso, una narrativa no muy favorable para su percepción pública. Puede incluso que esté a un paso de acusar a algunos medios de manipular la realidad para montar un espectáculo, en este caso político. Pero Zapatero no está atrapado en una burbuja creada artificialmente, como Truman Burbank (Jim Carrey), y puede, más bien debe, aclarar todos los extremos y circunstancias de unos hechos que ya ha admitido, eso sí, solo cuando un medio los ha sacado a la luz.
El expresidente del Gobierno ha reconocido haber cobrado 450.000 euros por trabajos de consultoría para un empresario llamado Julio Martinez, que fue detenido en el ámbito de una investigación judicial por presunto blanqueo de capitales vinculado al rescate público con 53 millones de la aerolínea Plus Ultra, que tiene lazos con Venezuela. Zapatero sostiene que su asesoría fue legal y niega que tuviera relación con el rescate de Plus Ultra, del que dice no saber nada, en contra de lo declarado públicamente por exministro de Transportes y exsecretario de organización del PSOE, José Luis Abalos, hoy en prisión a la espera de juicio por el caso de las mascarillas.
Zapatero no está siendo investigado por delito alguno. Incluso una querella temeraria presentada ante la Audiencia Nacional fue rechazada por la ausencia de indicios de delito. Pero hasta que se desveló su relación comercial con Julio Martínez, uno y otro hicieron creer que solo eran amigos que salían juntos a correr por El Pardo. Eso obviamente no es ningún delito pero faltar a la verdad u ocultarla es cuando menos éticamente reprochable en quien ha tenido un desempeño institucional por el cual disfruta de prerrogativas que solo están al alcance de los expresidentes de Gobierno.
Dos días antes de que fuera detenido Julio Martínez, ambos fueron fotografiados mientras llegaban a El Pardo para correr y luego desayunar juntos. Cuando Zapatero comparezca en el Senado, la oposición le interrogará por su relación con el detenido y si es cierto que se reunió con Abalos para el rescate de Plus Ultra. Y seguro que también por sus vínculos con el régimen del autócrata Nicolás Maduro, ahora preso en Estados Unidos. Una relación que no está nada clara bajo el argumento de que realiza discretas tareas de mediación durante los últimos diez años. Lo cierto es que cambia mucho el relato cuando lo cuentan los portavoces de la cúpula chavista y cuando viene de la oposición en el exilio. Zapatero ha mantenido que jugó un papel decisivo para la liberación de presos políticos venezolanos y para la acogida en España del opositor Edmundo González. Pero gran parte de los disidentes en el exilio responden que en realidad ha estado legitimando el régimen autocrático de Maduro, incluso después de las últimas elecciones amañadas.
Este fin de semana, de manera improvisada, Zapatero viajó a Venezuela y se entrevistó con la presidenta Delcy Rodríguez, en pleno proceso de amnistía para los presos políticos. Una amnistía que no parecía posible hasta la intervención de Trump, pero que ahora todos quieren protagonizar, también Zapatero. “Tengo mucha confianza en Delcy Rodríguez”, dijo el político español. Desde la oposición no se tardó en oír que este viaje no era más que un blanqueo mutuo de reputación.
Desde que comenzó a realizar labores de intermediación y asesoría, Zapatero multiplicó por 90 su patrimonio inmobiliario. En 2015 abandonó el bien remunerado Consejo de Estado y pasó a cobrar solo su pensión de expresidente. Desde entonces ha colaborado con la consultora Kreabs y ha presidido el consejo asesor de un think tank prochino, coincidiendo con un acercamiento del Gobierno de Sánchez al de Xi Jinping. No es el único expresidente que ha ganado dinero con asesorías y conferencias. Ahí está el ejemplo de Aznar, aunque el caso de Zapatero es especialmente llamativo por sus contactos con regímenes no democráticos.
Zapatero sale peor parado de la comparación con otro Truman, el expresidente estadounidense Harry Truman. En honor a la verdad, ocurre con todos los que vinieron después a la Casa Blanca y La Moncloa. Cuando en 1953 Truman terminó su mandato, volvió a su casa en Missouri en tren porque carecía de coche propio. Durante un tiempo vivió de su pensión de capitán del Ejército, rechazando todas las ofertas de empleo por entender que le llegaban por su condición de expresidente. Al tener conocimiento de sus penurias económicas, el Congreso de Estados Unidos aprobó una Ley de expresidentes, que le reportó una pensión anual de 25.000 dólares.
En España, Felipe González aprobó mediante real decreto una pensión vitalicia para los expresidentes, que supera los 79.000 euros anuales y que es compatible con ingresos de actividades privadas. Fue generoso Felipe González. En virtud de ese decreto, los exjefes de Gobierno seguirán teniendo el tratamiento de presidente y “en sus desplazamientos fuera del territorio nacional podrán gozar del apoyo de los servicios de la representación diplomática española”. Asimismo podrán disponer de dos puestos de trabajo, uno de nivel 30 y otro de nivel 18, que serán cubiertos, a su propuesta, mediante el sistema de libre designación. Ambos empleados estarían incluidos en la relación de puestos de trabajo correspondientes a la Presidencia del Gobierno.
Asimismo, los expresidentes dispondrán de una dotación para gastos de oficina, “atenciones de carácter social y, en su caso, alquileres de inmuebles, en la cuantía que se consigne en los Presupuestos Generales del Estado”. Asimismo podrán hacer uso de un automóvil de representación con conductores de la Administración del Estado, gozarán de los servicios de seguridad que las autoridades del Ministerio del Interior estimen necesarios y “disfrutarán de libre pase en las compañías de transportes terrestres, marítimos y aéreos regulares del Estado”. Todo lo anterior será de aplicación para las parejas de los expresidentes si estos fallecen.
El decreto no dice nada sobre las actividades que pueden realizar los expresidentes. Tampoco señala si pueden obtener ingresos de actividades privadas, como consultorías. Nada de eso está prohibido por tanto. Uno esperaría que todo esas prerrogativas y la experiencia de los expresidentes estuvieran al servicio de la ciudadanía, por ejemplo a través del Consejo de Estado, pero no ocurre siempre así. Desconozco que uso hace Zapatero de lo descrito en el articulado de ese decreto, pero a mi juicio ha llegado la hora de regular las actividades privadas de los expresidentes de igual manera que parece preciso hacerlo con las actividades privadas de las parejas de los presidentes/presidentas de Gobierno en activo. Con Zapatero nunca parece estar claro cuando actúa de mediador, consultor, lobista o representante oficioso del Gobierno de Pedro Sánchez. Demasiadas zonas de sombra en la ejecutoria actual de quien ya recibe una generosa pensión presidencial de las arcas públicas y puede complementarla con las actividades que le venga en gana.
Algunos podrán alegar que lo dicho parece cosa menor si, abundando en el recurso a la comparación, miramos lo que sucede en Estados Unidos con Trump, que según cálculos del The New York Times, habría aumentado su fortuna en 1.400 millones de dólares durante su primer año de mandato. Cuando Trump deje la Casa Blanca podría volver a su residencia de Mar a Lago en el avión valorado en 400 millones que le regaló Qatar, un Boeing 747 que piensa quedarse para su biblioteca presidencial. Igualito que Truman, ya ven.
Zapatero no se enriqueció durante su mandato. Tampoco nadie de su círculo familiar más cercano. Salió de La Moncloa como Truman, Harry Truman. Otra cosa distinta es lo que vino a hacer después, sacando partido a su condición de expresidente en actividades privadas. Es legal, pero éticamente discutible, en mi opinión.





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